Año XIV - Nº 4960   Martes, 24 de Abril de 2018

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  La responsabilidad penal del padre obstaculizador  
     
  Por Graciela Nora Manonellas  
     
 

I.- El tema
II.- La Ley 24.270
III.- El Sindrome de Alienación Parental
IV.- Daño psíquico
V.- Las respuestas según los años

 
     
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Citar: elDial - DC8C7

 
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La responsabilidad penal del padre obstaculizador 


 Por Graciela Nora Manonellas *  

 

I.- El tema

 

Las experiencias recogidas en el ejercicio de la profesión de abogado, siempre nos hacen reflexionar sobre el porqué de determinados comportamientos.-

 

Es indudable que hay temas que cuando los interesados nos consultan, nos suscitan más conmoción interior que otros, pues bien, éste es uno de ellos y quizás lo sea –entre otras cosas- porque hay menores en juego y, porque aquello que se adolece en la infancia difícilmente se supere.-

 

Cuando existe una separación sea por sentencia o de hecho, los hijos quedan con el padre que tiene la tenencia, pero, el otro, tiene derecho "a tener adecuada comunicación con el hijo y de supervisar su educación" (conf. art. 264 inc. 1º último párrafo del Código Civil).-

 

El derecho de visita de este padre implica que no solamente tiene que visitarlo en la casa donde el menor vive, sino, también de llevarlo a su propio domicilio, para así generar una relación afectiva estrecha y libre.-

 

Esto es sumamente necesario, de allí que la jurisprudencia se inclina por la improcedencia de impedir el contacto con el padre que incumple la obligación alimentaria.-

 

En niños de corta edad el rol de ambos progenitores es fundamental y la ausencia del vínculo con uno de ellos podrá provocar daños irreparables.-

 

El art. 1º de la Ley 24.270 precisamente tipifica como conducta improcedente la obstrucción del vínculo con el padre no conviviente aún cuando sea el menor el que aparentemente se niegue a tener contacto.-

 

Partiendo de esta premisa, debemos considerar que si bien se debe tener en cuenta la opinión del menor y verificar de dónde parte esa actitud negativa hacia uno de los progenitores, la negativa del menor es irrelevante a los fines de que se pudiere tener como no encuadrada la conducta del sujeto activo en la comisión del delito previsto en la ley. Es importante tener presente que no hay que hacer lo que el menor diga sino lo que el menor necesita.-

 

En cambio en menores adolescentes o cercanos a la mayoría de edad, la opinión del menor tendría otra fuerza y debería ser considerada con más atención por el juzgador para así determinar si el sujeto activo, cometió el delito tipificado en la ley.-

 

II.- La Ley 24.270

 

Cuando se comete un delito previsto en la Ley Nº 24.270 no puede hablarse de casualidad, sino de causalidad. Es decir que en algún momento tuvo su inicio y luego se fue agravando, sin que fuera posible prever donde terminaría.-

 

Avizorado a tiempo el hecho inicial, es posible modificar el rumbo.-

 

En el art. 1º de la ley, las acciones o verbos típicos son "impedir u obstruir" el contacto de menores de edad con sus padres no convivientes aunque la conducta en si consiste en una omisión incumpliendo la acción legal de presentarlo. Zaffaroni[1] sostiene que en el tipo omisivo hay un nexo de evitación, es decir, la muy alta probabilidad de que la conducta debida hubiese interrumpido el proceso causal que desembocó en el resultado.-

 

Es decir, se penaliza la obstaculización del contacto paterno filial, toda vez que precisamente, el objeto de la ley es la protección de ese vínculo.-

 

Es decir que ese "impedir u obstruir" debe ser realizado en forma "ilegal", o sea, no debe existir ninguna causa grave que hiciera que al vincularse el hijo con el progenitor no conviviente, pusiera en peligro su salud.-

 

A nuestro juicio no es necesario, a fin de que se configure "el impedir u obstruir ilegalmente" que menciona el art. 1º, que previamente se haya previsto en forma judicial un régimen de visitas, eso es irrelevante, dado que la ley no lo menciona.-

 

La ley, en virtud del art. 3º, obliga al magistrado penal a disponer en un breve tiempo el restablecimiento del contacto del menor con el padre no conviviente.-

 

Pero a pesar de la denuncia penal, es necesaria la intervención del juez civil, dado que el régimen de visitas ordenado por el juez penal es provisorio y no vinculante para el magistrado civil.-

 

III.- El Sindrome de Alienación Parental

 

El psiquiatra Richard A. Gardner[2] relata con gran claridad el camino que debió recorrer hasta desembocar en un descubrimiento de gran importancia referido a las relaciones familiares. Lo denominó "Síndrome de Alienación Parental".-

 

Consideró al síndrome como un disturbio que afecta al menor. El niño se obsesiona por "desaprobar y criticar" a uno de sus progenitores, con más frecuencia al padre en caso de que conviva con la madre. Cree que éste no hace nada bien. Lo que el chico expresa es invariablemente exagerado, y por lo mismo, injustificado.-

 

Su distorsión de la realidad no se limita a esto, sino que, al mismo tiempo, la misma exageración la emplea al elevar sin motivo el concepto con que califica al otro progenitor, a quien le otorga un voto de confianza, creyendo que hace todo bien.-

 

Incluir esta situación dentro de lo que se considera "lavado de cerebro", dice Gardner, significa reducir sus alcances y limitar su gravedad psiquiátrica. En el lavado de cerebro, se supone que alguien trabaja conscientemente, mientras que en el síndrome no se manifiestan únicamente elementos conscientes, sino también subconscientes del padre "preferido" (generalmente el que convive con el menor).-

 

Se distancia todavía más este síndrome del lavado de cerebro, en el hecho de que en él no aparece sólo la influencia del progenitor conviviente sino que se incluyen, sobre todo, factores "que surgen internamente en el chico, independientemente de la condición parental, que ahonda el desarrollo del síndrome".-

 

Es decir que el concepto de SAP "procede de una combinación del lavado de cerebro de los progenitores y de la propia contribución del niño".-

 

El niño demuestra su obsesión en un rumbo que puede expresarse como "odio" al padre. Utiliza todos los vericuetos del lenguaje para expresar su enfermedad, "sin sentir culpa o vergüenza".-

 

Quien lo escucha con frecuencia, es capaz de darse cuenta casi palabra por palabra cómo seguirá el discurso. No es extraño, tampoco, que el menor pronuncie las frases previstas, incorporando las opiniones del padre conviviente.-

 

Destaca Gardner un hecho especialmente curioso: "con frecuencia estos chicos se interesan y buscan el modo de averiguar con disimulo, si el padre al que rechazan, sigue aportando dinero para su manutención, aunque una respuesta afirmativa, en nada contribuiría a modificar su actitud negativa". Cualquiera sea la respuesta que reciban seguirán empecinados en no querer visitarlo.-

 

IV.- Daño psíquico

 

Señala el Dr. Mariano Castex[3] que los menores presentan una patología psíquica que los perturba produciendo en forma continuada una conducta que los autores anglosajones denominan "MALE PARENTECTOMY" , cuyo objetivo final es la erradicación del cónyuge varón (en la mayoría de los casos) y su eventual sustitución o no por otra figura parental de sexo homónimo, siendo más graves los casos en donde la madre pretende asumir dichos roles.-

 

Se produce un daño psíquico importante, sumamente grave por tratarse de un daño que se introduce de modo continuado por parte de quien cohabita con el menor.-

 

V.- Las respuestas según los años

 

Según la edad de los hijos hay diferentes respuestas en cuanto al síndrome.-

 

1) Hasta los 4 años: tienen afecto con ambos progenitores.-

2) De 4 a 6 años: se les inculca miedo a ser robados.-

3) De 6 a 12 años: se mimetizan como cómplices del inculcador.-

4) De 12 a 16 años: asumen como propia la decisión y voluntad del rechazo.-

5) De 16 a 20 años: comienzan a darse cuenta del manejo que han tenido. Rechazan al inculcador, puede ser en forma transitoria, depende de los daños recibidos. Si logran restablecer el vínculo que durante tiempo negaron restablecerán el vínculo con ambos padres. Si el reencuentro (asignatura pendiente) no se produce por fallecimiento, en un alto porcentaje repetirán en futuras parejas la historia de desencuentros aprendida.-

 

Finalmente, estamos frente a un tema sumamente complejo, donde lo importante es ver que no tiene nada que ver con el incumplimiento a los regímenes de visita, donde pasado un tiempo generalmente los padres superan las cuentas pendientes.-

 

El tema analizado es distinto, acá se produce una inculcación en el menor en contra del padre no conviviente que puede producirle un daño psíquico que, de no tomarse a tiempo puede ser irreversible.-

 

Esto es lo que se debe evitar.-

 


 


[1] Zaffaroni, Eugenio Raúl, Manual de Derecho Penal Parte General, Sexta Edición, Segunda Reimpresión, Editorial Ediar. pag. 448/452

[2] Gardner, Richard A., Nació en Bronx, Nueva Cork, EEUU, psicoanalista, psiquiatra de niños, escribió entre otras obras "Legal and Psychotherapeutic aprroaches to the three tipes of parental síndrome familias", Court Review, vol. 28, nº 1, 1991.

[3]  Castex Mariano; Doctor en Medicina, especialista en Psiquiatría y Psicología médica. Licenciado en Filosofía. Licenciado en Teología.

 

 

 

(*) Abogada. Licenciada en Criminología. Especialista en Derecho Penal. Profesora a cargo de la materia "Elementos de Derecho Penal y Procesal Penal" (Titular Dr. Norberto Spolansky) UBA. Autora del Libro "La responsabilidad penal del padre obstaculizador. Ley 24.270. Síndrome de Alienación Parental (SAP)", Editorial Ad-Hoc, Diciembre 2005.

 

 

 
 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

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